XV – Entre Odones y dragones: Confusiones (III)

La pequeña pandilla formada por los posibles shojins se mantuvo en silencio ante aquel debate surgido entre esos fantásticos seres hijos de los dioses, y se vio sobresaltada cuando una gigantesca sombra cubrió el cielo casi por completo. El inesperado episodio desató una nueva serie de murmullos, sollozos, gritos y plegarias por toda Amnia.

-Calma –rugió el causante del fugaz eclipse.

Era Siam, que aunque un poco apaleado a causa del esfuerzo realizado para crear la gema del agua, se las había ingeniado para volar hasta ubicarse junto al resto de los dragones.

-Si no puedo proteger aunque más no sea a los mérlidos –les dijo en un suspiro-, me habré convertido en un completo inútil. Nosotros cambiamos, y difícil me resulta imaginar la Tierra sin su compañía. ¿Quién se unirá a nosotros?

Osiris y el Guardián de la Muerte se sumaron al grupo formado por Sigmar, Atalanta, Siam y Orbis. Los dos Guardianes restantes, por otro lado, continuaron mostrándose renuentes a asociárseles.

-SIGMAR –bramó Meleagro-. ES TU DECISIÓN LA DE INVOLUCRARTE CON ESTAS CRIATURAS INFERIORES, NO LA MÍA. ESPERO QUE MUCHOS DE USTEDES SOBREVIVAN PARA PRESENCIAR EL FIN DEL MUNDO CUANDO LLEGUE EL MOMENTO INDICADO. HASTA ENTONCES, NO CREO QUE VUELVAN A SABER DE MÍ.

El Guardián de la Tierra desplegó sus alas y echó una última mirada sobre sus compañeros. Dando un rugido absolutamente infernal causó un breve terremoto, seguido de una explosión luminosa que terminó de derribar a todos los Odones de sus pedestales. Los cientos de mérlidos presentes abandonaron Amnia y huyeron despavoridos rumbo a las boscosas sierras aledañas. Meleagro entonces se marchó agitando débilmente sus tres pares de alas hasta fundirse en el horizonte, dejando detrás de él un pequeño y brillante pedrusco esférico que serviría para subyugar al Guardián del Aire.



En poco tiempo, los dragones fueron sometiendo sus poderes a los mérlidos, que hábilmente lograron contener cada uno de los elementos. Tal como lo habían acordado, los hechiceros no forjaron una gema capaz de controlar al Guardián de la Oscuridad y éste, tras prestar sus servicios en la tarea de dominar a Atalanta, se dispuso a partir. Se elevó en el aire, y dirigiéndose a Sigmar exclamó:

-¿Sssabess qué deberíamoss haber hecho en realidad? Deberiamosss haber exssterminado a losss hechisseross y al resssto de la rassa humana. Esso habría sssido lo mejor para la Tierra Interior…

Acto seguido, su gigantesca figura se esfumó, dejando en su lugar tan solo una sombra que se perdió rápidamente entre las penumbras del atardecer en Mellet

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