XV – Entre Odones y dragones: Confusiones

Las ceremonias llevadas a cabo por los hechiceros se prolongaron durante interminables semanas ante semejante acontecimiento. Sin embargo, el resultado final terminó por justificar cada segundo invertido en el proceso. Desde la cadena de Kiamao y en la cima de Athuslhos, el más elevado de los picos cercanos a Amnia, el Guardián del Agua pudo presenciar con increíble fascinación el momento en que los mérlidos lograron condensar toda la energía liberada hasta darle la forma de una gema, convirtiéndola en un elemento capaz de comprimir el espíritu del Agua dentro de si mismo.

Una vez finalizado su nonagésimo discurso ante sus iguales, Yildiray se apoderó de aquella piedra. Un líquido tan negro como su túnica manó desde sus manos hasta materializarse en una especie de tiara azul, que encerrando la gema del Agua, se elevó hasta posarse sobre su brazo izquierdo. El mérlido pudo sentir como todo su cuerpo se estremecía ante semejante poder, pero aquella sensación no se le presentaba para nada desagradable. La explosión inicial había costado la vida de casi un centenar de hechiceros, y los mismos serían recordados como mártires a través de los siglos. Un pequeño precio a pagar, teniendo en cuenta que los Guardianes evitarían así la desaparición de millones.

-¡Hermanos! –exclamó Yildiray tan emocionado como satisfecho-. ¡Ha llegado el momento que tanto habíamos esperado! El poder de los Guardianes ahora es nuestro, y ningún ejército podrá jamás pretender que cedamos a sus peticiones. ¡Podremos vivir en paz!

Una multitud formada por cientos de miles de hechiceros se arrodilló al tiempo que realizaba mil y una reverencias ante los iguales de aquel dragón que tan generosamente había cedido su poder a favor de la salvación de su pueblo. Las oraciones, ofrendas y sacrificios realizados durante años no habían sido en vano, después de todo. Yildiray dio varios pasos en dirección a una pequeña anciana vestida de furioso color rojo, y tras subir una serie de peldaños rústicamente modelados en la montaña, se inclinó frente a ella. Sin levantarse, echó una mirada sobre el esplendoroso Orbis, que realizó un gesto afirmativo con su cabeza y rugió:
-Ella lo hará bien.
Con lágrimas en sus ojos, Reika Yune recibió la tiara de manos del Jefe del Consejo. Luego, con paso solemne, caminó un largo trecho hasta ubicarse junto al Guardián del Fuego. Protegida por el espíritu del Agua, la hechicera se montó sobre su llameante lomo rezando una oración y sin sentir siquiera el más leve cambio en la temperatura del aire.

-El primer shojin ha nacido –murmuró Yildiray para sus adentros-. Bendito sea el suelo bajo sus pies.
Seguidamente, y elevando el tono de su voz para que lo escuchasen sus iguales, continuó diciendo:
-Diez fueron en el momento de su creación y desde el Cielo han descendido para aquietar nuestras penas, y calmar el dolor de este planeta, que es nuestro dolor. Ocho de nosotros seremos elegidos para llevar con justicia su incalculable poder. ¡Seremos los representantes de todo un pueblo, porque los dioses así lo han querido! ¡Aquí comienza una nueva era para los mérlidos! ¡Aquí comienza la era de los Odones!

Las manifestaciones de alegría por parte de los mérlidos parecieron duplicar su intensidad cuando Sigmar se acercó a la hechicera para decirle:

-Criatura, la gema que llevas sobre tu frente encierra las fuerzas del Agua. Te permitirá ejercer un control total sobre el Guardián del Fuego, gracias a que el mismo te ha aceptado como a su amo. Deberás usar tu nuevo don con sabiduría, anteponiendo la vida en el Tercer Planeta por sobre todas las cosas. Solo así podrás conservarlo.

Hizo una pausa y dirigiéndose a sus hermanos bramó:

-La guerra es inevitable. Los hajbiros atacarán y sin nuestra ayuda los mérlidos serán exterminados, pero nuestras fuerzas no son las que poseíamos hace millones de años, y nuestros lideres ya no se encuentran entre nosotros. Es por eso que cada uno decidirá si pelea o no, en esta batalla.

Maelstrom sacudió su cabeza de un lado hacia el otro, dando claras señales de no estar del todo satisfecho con la idea de aliarse a los mérlidos. Los hechiceros allí presentes se horrorizaron ante la idea de haber enojado de alguna manera al Guardián de la Oscuridad, y soltaron sus mejores gritos de terror cuando éste desplegó sus alas para elevarse en las alturas.

-Ssomoss loss Guardianess Elementaless, no ssomos diosses –murmuró Maelstrom posando su fría mirada sobre un joven mérlido que se asomaba por detrás de unas rocas y temblaba como una hoja-. Loss humanoss sson criaturass muy inferioress y essstán desstinadass a eliminarsse entre ssí. Elloss sserán loss ressponsabless de la dessstrucssión de Momenta, y nuesstro deber ess protegerla a cualquier cossto. Ya he sseguido a demassiadoss lideresss, y todoss sse han equivocado en ssus dessisioness. ¿Por qué tomar parte en una guerra sssin sssentido?

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