El ascenso se detuvo y la piedra azul desapareció. Todo el lugar se oscureció quedando apenas iluminado por la vela en el yelmo de Maurice. Antes de que los viajeros comenzaran a preguntarse acerca de lo sucedido, un dibujo ubicado justo frente a Guido comenzó a brillar como la pantalla de un televisor.
-El hueco en la existencia fue establecido prodigiosamente –rugió Norfolk-. El hermano pequeño y toda la vida en él fueron absorbidos, pero la fatiga impidió que pudiésemos cerrarlo. El balance entre dimensiones se interrumpió, dando origen al laberinto más devastador laberinto.
El dibujo luminoso mostraba al dragón de tres cabezas y a sus ocho ayudantes flotando alrededor de la Tierra Interior, soltando cintas de colores desde sus garras. Como si de una revista de historietas se tratase, los dibujos vecinos mostraban a Norfolk luchando contra una gigantesca esfera de pura energía. En el último de ellos, el Guardián del Tiempo aparecía flotando en total soledad, a mitad de camino entre Momenta y el Tercer Planeta.
-Elegí proteger la vida en los hermanos fundamentales con mi sacrificio –dijo la cabeza del pasado-, como lo había hecho Silverado. El portal se cerró violentamente, llevándose consigo a este planeta y a al resto de los Guardianes Elementales, pero la energía liberada por la explosión creó el Edén: un nuevo vacío atractivo, existente en los dos mundos al mismo tiempo. Un espacio carente de equilibrio donde lo posible y lo imposible son la misma cosa.
Guido apoyó la palma de su mano derecha contra la piedra, y volteando su cabeza hacia el Guardián, murmuró:
-Bueno, ahora sabemos como llegaste a este lugar.
-A mi me gustaría saber como llegamos “nosotros” a este lugar –intervino Sebastián-. ¿Soy el único que piensa así?
La cabeza central de Norfolk clavó su mirada sobre el niño, con aire sereno.
-Ten paciencia –le dijo-. Es necesario que lo sepas todo.
El retorno de la piedra brillante deshizo la oscuridad mientras que el suelo de la Torre de Tragantipia volvió a subir vertiginosamente tan solo para detenerse con suavidad frente a una inmensa imagen que representaba la aparición de los hombres en Momenta. Los grabados siguientes parecían explicar los primeros años de su evolución y la vida en comunidades.
-Los Guardianes de la Luz, la Oscuridad, la Vida, la Muerte, la Tierra, el Agua y el Fuego acompañaron al hombre desde el mismo momento en que éste apareció -dijo Norfolk-. Por primera vez en millones de años, se encontraron frente a unas criaturas poseedoras de una inteligencia y una conciencia similares a las suyas.
Guido paseó su mirada sin rumbo fijo hasta posarla sobre una ilustración de un tamaño mucho mayor al de las restantes. Notó que en ella un reducido grupo de personas se encontraba arrodillado junto a los dragones.
-A causa su propia naturaleza, los hombres reaccionaron de diversas maneras ante los Guardianes Elementales –dijo el dragón-. Pocos, con sus capacidades especiales, eventualmente lograron aprender a comunicarse con ellos y los adoraron como a hijos de los dioses. Pero muchos no pudieron comprenderlos y no vieron en ellos sino bestias. Así, la raza humana se dividió definitivamente, quedando los dragones y los mérlidos por un lado, y los hajbiros por el otro.
-¿Hajbiros? -preguntó Guido.
-Los hechiceros utilizan esa palabra para referirse a los humanos comunes y corrientes que no pueden sentir el flujo de la mitta –respondió Altiviades-. Es un vocablo tan antiguo como el habla y significa: “Aquel que no sepa sentir el flujo”, o: “el bruto”, “el insensible.”